Si Dios odiara a los gays, serían menos talentosos.

Cada vez que alguien toma la Biblia para decir que Dios odia a los homosexuales, yo me los imagino con linterna apagada en mano buscando cucarachas en un estadio: mucho esfuerzo, cero resultados. Y en mi cabeza, Jesús los mira y dice lo que ya había dicho: "Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios" (Mateo 22,29). Porque sí, la homofobia bíblica no es más que una colección de versículos mal leídos, descontextualizados y convertidos en arma, como si la Biblia fuera un contrato de seguros con letras chiquitas para ver a quién sí cubre y a quién no.

El gran favorito del repertorio es Levítico 18,22: "No te echarás con varón como con mujer; es abominación." ¡Tremendo y atroz! Hasta que uno sigue leyendo y se topa con que en el mismo libro se prohíbe comer mariscos ("Todo lo que no tiene aletas ni escamas, en las aguas, eso tendréis en abominación", Levítico 11,10), ponerse ropa de telas mezcladas ("No te pondrás ropa de mezcla de lino y lana", Levítico 19,19) y cortarse el pelo de ciertas formas ("No cortaréis en redondo el cabello de vuestra cabeza, ni dañaréis la punta de vuestra barba", Levítico 19,27). Entonces, si vas a citar al Levítico para perseguir a los gays, trans y lesbianas, más vale que devuelvas la playera de 90% algodón - 10% poliéster de tu armario y que tires tu cóctel de camarones a la basura. Ah, pero claro, esas normas ya no aplican. Excepto, curiosamente, la que va en contra de la Comunidad... que dicen que siempre sí.

Después está Romanos 1,26-27, donde Pablo habla de "pasiones vergonzosas". Pero si leemos bien, no estaba pensando en dos chicos enamorados viendo Netflix, sino en prácticas sexuales ligadas a cultos paganos e idolatría. De hecho, el mismo Pablo después escribe: "Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3,28). Traducción libre: dejen de obsesionarse con lo que pasa en la cama ajena, porque en la comunidad cristiana las etiquetas no son el punto.

Otro pasaje que encanta citar es 1 Corintios 6,9-10: "¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicadores, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones… heredarán el reino de Dios". Pero aquí entramos al fascinante universo de los malentendidos lingüísticos. Se usa la palabra griega "malakoi" (μαλακοί) que significa literalmente "suavecitos" o "blanditos". Es decir, si lo tomamos literal, tampoco entrarían los que duermen en colchón ortopédico, los que usan crema hidratante ni los que piden café latte descafeinado con leche de almendra. No es broma, es tan absurdo como eso.

Y luego está el mito más grande ¡Sodoma y Gomorra! del Génesis 19 que ha sido usado como el caballito de batalla para demonizar a los homosexuales. Pero cuando uno va a la fuente, el profeta Ezequiel lo explica sin rodeos: "He aquí que esta fue la maldad de Sodoma: soberbia, saciedad de pan y abundancia de ociosidad, y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso" (Ezequiel 16,49). En resumen, la gente de Sodoma era egoísta, orgullosa y cruel con los pobres. El pecado fue la violencia, la falta de hospitalidad y la indiferencia, no quién se acostaba con quién. Así que, si alguien merece el título de "sodomita", probablemente es el que se compra un iPhone cada año mientras deja morir de hambre a sus padres.

Ahora, ¿qué pasa si dejamos de usar la Biblia como arma y la leemos en serio? Lo que aparece una y otra vez no es odio, sino amor. Jesús lo resumió en una sola frase: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Marcos 12,31). El apóstol Juan lo reafirma: "El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor" (1 Juan 4,8). Y Jesús mismo nos dio el criterio definitivo: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos: si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13,35). Fíjate bien, no dijo "si revisan la cama de los demás” ni “si recitan el Levítico con cara de enojo". ¡Dijo amar!

Entonces, ¿qué hacemos con los versículos que parecen condenar? Lo mismo que hacemos con todos los otros que nadie aplica literalmente, entenderlos en su contexto histórico y cultural, reconocer que no eran dictados para todas las épocas y, sobre todo, no usarlos como piedras. Porque si algo dejó claro Jesús es que la Sagrada Escritura sin amor se convierte en arma mortal: "La letra mata, mas el Espíritu vivifica" (2 Corintios 3,6).

Así que la próxima vez que alguien cite la Biblia contra los homosexuales, mi respuesta favorita es devolverle otra cita, pero esta vez del Evangelio: "El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra" (Juan 8,7). Y si ni con eso entienden, siempre queda el argumento más contundente: si Dios realmente odiara a los homosexuales, ¿cómo explicas que les haya dado tanto talento para el arte, la música y, sobre todo, para la decoración de las iglesias?

Para cerrar el punto, no es "homofobia" porque es claro que no nos tienes miedo... sólo eres idiota.

Aquí termina el texto… pero no el autor, que sigue latiendo y rebelándose: Pepe.

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